En esta serie, los mitos fundacionales abandonan su condición de relatos intocables para transformarse en objetos blandos, consumibles y efímeros. Lo divino ya no se manifiesta en templos ni en narraciones sagradas, sino en juguetes de plástico, figuras de colección, íconos de la cultura popular y mercancías producidas en serie. El héroe clásico se convierte en souvenir; la tragedia, en una imagen brillante y seductora; y los antiguos dioses encuentran una nueva existencia en las vitrinas del consumo contemporáneo.
No se trata de ridiculizar el mito, sino de resignificarlo. Estas obras exploran que ocurre cuando lo eterno se vuelve descartable y qué sentido adquiere la experiencia humana cuando las figuras heroicas son reducidas a productos listos para ser comprados, exhibidos
y reemplazados. La serie propone una reflexión sobre cómo la cultura actual recicla los relatos míticos, absorbiéndolos dentro de la lógica del mercado, sin que por ello pierdan completamente su capacidad simbólica.
Aun convertidos en mercancía, los mitos continuan operando como estructuras narrativas capaces de explicar deseos, miedos, pérdidas y esperanzas. Cambian de forma, de soporte y de contexto, pero conservan una sorprendente vigencia.
EL RAPTO DE EUROPA

En esta obra, el relato mítico de Zeus y Europa es filtrado por la lógica contemporánea de lo blando y lo infantil. El dios supremo del Olimpo, capaz de metamorfosearse en un toro blanco majestuoso para ejercer su deseo, aparece ahora como un peluche: suave, inofensivo, casi tierno.
El gesto irónico no anula la violencia del mito, sino que la desplaza. La imagen del rapto —tragedia fundacional de Europa— se vuelve kitsch, domesticada, empaquetada en la lógica del juguete. Pero lo perturbador persiste: debajo de la textura mullida sigue estando la pregunta sobre el poder, el deseo y la apropiación.
El peluche funciona como metáfora de nuestro tiempo: lo sagrado y lo terrible se recubren de suavidad, se transforman en mercancías entrañables, al punto de desactivar —o quizás potenciar— la incomodidad del mito original.
LEDA Y EL CISNE

Una relectura contemporánea del mito de Leda y el cisne. En vez del Zeus ser cisne disfrazado es un cisne inflable. En vez de sumisión o deseo, introspección. Una obra que cuestiona el relato clásico desde una mirada actual, con una paleta vibrante y un entorno onírico.
PANDORA ML

Pandora actualiza uno de los relatos más emblemáticos de la mitología griega. La legendaria caja se transforma en una caja de Mercado Libre, símbolo de una cultura atravesada por el deseo, la inmediatez y la acumulación. De su interior emergen objetos de consumo, marcas y productos que representan las promesas y excesos de nuestro tiempo.
Pandora aparece desnuda, despojada de toda posesión material. Su cuerpo vulnerable contrasta con la abundancia de objetos que la rodean, recordándonos que el ser humano existe más allá de aquello que posee.
Sin embargo, como en el mito original, después de la avalancha de males permanece algo esencial: una luz de esperanza. En medio del ruido del consumo.
ORFEO Y EURÍDICE

Orfeo desciende al inframundo para recuperar a Eurídice, pero esta vez el héroe clásico aparece convertido en un pequeño objeto de la cultura pop, un Funko Pop.
El mito convive con juguetes, animales y elementos de nuestro mundo. Eurídice, rodeada por la naturaleza, parece habitar un territorio suspendido entre la vida y la muerte, mientras Orfeo se enfrenta a una historia que lo excede.
Lo divino se vuelve cotidiano, lo eterno se encuentra con la cultura pop y los mitos continúan viviendo bajo nuevas formas.
SIRENAS EN TEMPORADA BAJA

Estas no son las sirenas de Ulises. No seducen con cantos trágicos ni emergen de aguas oscuras. En esta escena, están de vacaciones, sumergidas en un imaginario tropical y publicitario, rodeadas de souvenirs de playa, patos de hule, patas de rana, cócteles y delfines saltando como en un parque acuático.
La escena combina referencias al clasicismo —la disposición de los cuerpos recuerda a las bañistas renacentistas o neoclásicas— con elementos propios de la cultura pop, el turismo y la banalización del deseo. El cartel de “Hawaiian tropic” y la avioneta lo anuncian: el paraíso ahora es consumo, es postal, es artificio.
Las sirenas —mitad mujeres, mitad criaturas marinas— son aquí también mitad mito, mitad parodia. Su erotismo se vuelve autoconsciente, casi irónico. No atraen hacia la perdición, sino hacia un picnic playero donde lo que se consume ya no es el alma del navegante, sino la imagen, el souvenir, el cuerpo como mercancía visual.
MEDUSA

VENUS

una obra que juega con una reinterpretación de “El nacimiento de Venus” de Botticelli, pero filtrada por la estética pin up y un aire pop surrealista.
Aquí la concha marina se convierte en tabla de surf improvisada, la maleta en mano rompe con el mito clásico para traerlo al presente: ya no es una diosa que llega desnuda al mundo, sino una mujer que irrumpe con autonomía, lista para viajar, trabajar o conquistar nuevos territorios. El delfín que salta detrás refuerza lo lúdico, el imaginario de lo turístico y lo veraniego, casi como un guiño publicitario o cinematográfico.
El contraste entre la sensualidad retro (medias, guantes largos, pañuelo en la cabeza) y el accesorio utilitario (la valija) genera tensión entre lo divino, lo cotidiano y lo kitsch. Es como si lo sagrado del mito se desinfla en clave pop, pero sin perder su potencia icónica: un “nacimiento” aggiornado, donde la belleza viaja ligera y desafiante en medio del espectáculo contemporáneo casi una postal kitsch lista para la reproducción masiva.
PSIQUE Y EROS

El mito se vuelve íntimo y melancólico.
Psique, princesa humana, yace junto al río, suspendida entre la vida y el sueño. A su alrededor, el fuego de una lámpara, el agua, el humo que surge de una caja, el río y la mariposa anuncian la transformación, la pérdida y la memoria de un amor imposible: aquel que quiso unir un alma humana con un dios.
Sobre ella, Eros aparece como un pequeño muñeco colgante, un adorno de plástico que accidentalmente se hiere con su propia flecha. El deseo se vuelve torpe, el amor se plastifica. Lo divino, antes luminoso, se convierte en objeto.
Entre lo humano y lo artificial, la escena propone un juego de amor posible dentro de lo imposible.
DEMÉTER Y PERSÉFONE

En el agua, Perséfone flota con la estética de un juguete de nuestra infancia, sosteniendo la granada que la atará para siempre al reino de las sombras.
En la orilla, su madre Deméter yace consumida por el dolor de la pérdida. Las hojas secas y las espigas marchitas a su lado testifican el luto de una madre que despoja al mundo de su verde, dando inicio al otoño y al invierno.
Al fondo, las ruinas del templo recuerdan la permanencia de este relato: una metáfora perfecta sobre las ausencias y esos ciclos inevitables donde la naturaleza necesita desnudarse antes de volver a florecer.